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Cada historia cuenta

 
Tenemos la responsabilidad de empoderar las generaciones venideras para que resuelvan problemas reales y lancen emprendimientos. Cada quien en su estilo. Cada cual según sus capacidades y enfocándose en lo que esté a su alcance. Este no es un parafraseo Marxista. Es la esencia misma de la iniciativa “Que Cuentas”. Todos nosotros tenemos el encargo de inspirar a otros a ponerse en movimiento; bien sea con una historia extraordinaria de EAI (Emprendimiento de Alto Impacto) basado en internet y con sede en San Francisco, o algo menos sexy como puede ser una cadena local de calzado en Bucaramanga (Emprendimiento Tradicional); ambos casos merecen difundirse. Los dos son igual de legítimos. Todos en Colombia necesitamos que el joven, el profesional, el campesino, el desmovilizado, el ama de casa o el que regresa de unos largos estudios en el exterior, construyan nuevas realidades sociales y económicas con sus propios emprendimientos. Sus propias historias.
 
Lo que tengo para contarles es parte de la mía. Estaba por los 18 años y estudiaba en el SENA para convertirme en desarrollador de software. Si hubo algo que siempre amé de la institución fue la cercanía con el sector productivo en muchas industrias, incluida la del software. Eso influyó con fuerza mi forma de entender el aprendizaje y cómo ponerlo al servicio de problemas reales. Durante mis estudios de ingeniería me convertí en un abierto opositor del modelo de universidad que tenemos; la que no piensa fuera de las paredes de su campus; la que desconoce el significado de innovación más allá de enunciados teóricos y papers; la que al final asfixia la creatividad de los jóvenes hasta condenarlos a ser agentes perpetuadores del statu quo.

Tuve la fortuna de no ser entrenado así. Lo llamo entrenamiento porque más que capacitación para un título académico, lo que recibí fue herramientas para insertarme en el entorno productivo. En ese proceso ocurrió un día algo maravilloso: nos reunieron a los estudiantes de tecnología para recibir una charla, muy personal y amena por cierto, del fundador de una conocida compañía de software de Ibagué. Leonardo contó cómo fue que iniciaron, qué problemas tuvieron, cuál fue el primer proyecto y cómo habían crecido y seguían operando hasta la fecha. ¡Fue revelador! Una inyección de la más pura motivación sobre emprendimiento. Fue algo que inmediatamente se hizo posible. Si ellos pudieron, nosotros (la generación de relevo) también.
 
Pasaron algunos años e incluso llegué a trabajar en esa compañía. Seguí creciendo y ya para el año 2008 me radiqué en Bogotá. Se había vuelto costumbre hacerme muy cercano a los fundadores de las compañías de tecnología donde trabajaba. Llegué incluso a entrevistar a varios de ellos. Quería entender sus historias. Intentaba llegar al fondo de aquello que hizo posible que esas compañías existieran, generaran empleo y entregaran valor a sus clientes en forma de sistemas informáticos.
 
El resto es historia mucho más reciente. Llevo un par de años documentando emprendimientos digitales en Colombia. A través del blog www.fepecas.org he difundido historias fantásticas como las de Pagosonline, Mentez, Zio Studios, Tappsi, Lenddo, entre muchas otras. Encontré una bella vocación de servicio en llevar más y mejores contenidos de inspiración para emprendedores jóvenes, con la esperanza que igual que ocurrió conmigo en una ciudad modesta: decidan ellos también ponerse en movimiento y lanzarse.

Tras la huella del emprendedor digital

Acerca de

¿Los emprendedores son radicalmente diferentes a todas las demás personas? Lo más seguro es que no. Se trata más bien de personas comunes con una extraordinaria determinación por impulsar el cambio social. El alcance es diverso, y puede ir desde su familia cercana, pasando por una comunidad local, nación y finalmente el mundo entero.

Los globales son tan influyentes como escasos. Se trata de personajes famosos cuyos valores e historia empresarial se convierten en un estandarte para generaciones enteras, quienes se apasionan y muchas veces hacen de ellos un culto que busca en cada paso la mágica “fórmula para el éxito”. Algunos casos son por ejemplo Henry Ford, Donald Trump, Carlos Slim, Larry Page, Steve Jobs, Mark Zuckerberg, y contados otros.

Gracias a sus famosas hazañas empresariales, estos personajes influyen poderosamente en la comunidad emprendedora, pero es igual de cierto que rara vez sus emprendimientos llegan a ser el motor de economías enteras. Se trata más bien de una combinación entre haber marcado un hito a través de una innovación, acompañado de una gran popularidad mediática. Mientras tanto al otro lado del tablero, son cientos, quizás miles de historias casi anónimas las que hacen posible que servicios básicos en la vida diaria, funcionen correctamente. ¿Sería entonces valiosa una búsqueda de historias locales, admirables e inspiradoras que muestren cómo se han, o se están creando emprendimientos basados en Internet a lo largo de Latinoamérica? Esta fue la pregunta que originó el proyecto 700Latam.

Hay diferentes matices que hacen de cada emprendedor un agente de cambio único. Por esa razón se exploraron desde el inicio las habilidades, motivaciones y valores que llevan a alguien a fundar un emprendimiento en Internet. Durante el camino, fue evidente que las culturas locales son tan diversas y únicas que todos estos consejos, historias y “fórmulas” importadas desde el primer mundo, son prácticamente inválidas en estas latitudes. Es más, ocurre muchas veces que estas “lecciones” transmitidas son distorsionadas entre lectores apenas iniciados, quienes al final promueven una cultura que aspira a crear el próximo gigante de internet por razones meramente materialistas, como puede ser la ostentación de riqueza, la anhelada libertad financiera (Kiyosaki 2000); u otras más narcisistas como el reconocimiento al volverse “exitoso” frente a la sociedad o simplemente popular al interior de la misma comunidad emprendedora. Lo cierto es que si hoy día se emprendiera por motivos más nobles, mejor alineados y por supuesto económicamente viables, nacerían compañías más capaces de promover un mejor cambio social en las economías emergentes de Latinoamérica.


Un mundo en crisis da una mirada a esta región, que vive una época dorada probablemente nunca antes vista y que debe ser aprovechada. Por eso cobra gran importancia explorar los perfiles de estos fundadores “tropicales” en el marco de ecosistemas de emprendimiento locales (Isenberg 2010) que les incentivan o paralizan. Al final, queda la plena seguridad de que este portal llegará a ser un recurso útil para todo aquel que quiera conectarse con la comunidad emprendedora local para potenciar su propia historia.

Rico es quien menos necesita


Ecosistema / Financiación

¿Cuándo hay “suficiente” dinero para dar inicio, ejecutar y hacer sostenible una idea de negocio? Pareciera que nunca. No importa el alcance del sueño, sea grande o pequeño. Sea para revolucionar una industria o para atender a los clientes de una comunidad local, un emprendedor siempre se ve desafiado a encontrar y administrar los recursos que mantengan su visión en movimiento. Impedir que el combustible se agote es un reto diario.

Se entiende que cada historia de éxito empresarial es única y ello impide generalizar cualquier fórmula. Todas tienen su contexto. Pero hay algo común a cualquier emprendedor, desde quien está en una etapa temprana hasta los que lo hacen en serie. Esto es: la necesidad de hacer más con menos. Y es que al final siempre se debe rendir cuentas de ese dinero a alguien: un cofundador, una aceleradora que invirtió luego que el equipo ganó un concurso, un ángel inversionista, un panel de socios, etc. Entonces, ¿qué sentido tiene centrar los esfuerzos en la búsqueda de financiación y, (con algo de suerte) recibir aquella enorme cifra en el banco? Lo más importante sería llegar a concretar cómo se usará ese recurso del que más adelante habrá que dar cuenta. Sin lugar a dudas, esa reflexión enfocaría mucho mejor a todo aquel que centre su emprendimiento en la financiación.

Un mejor enfoque sería que para materializar esa idea de negocio se buscaran formas creativas (y por supuesto éticas) de administrar el dinero antes que pensar en conseguirlo. Vale decir que la palabra banquero se relaciona en sus orígenes con los trapecistas (Covarrubias 1611), y está claro que viene de allí por la capacidad que ellos tenían para hacer acrobacias con él. Esto es imperativo si tenemos en cuenta que los emprendimientos de base tecnológica son intensivos en capital. Necesitan abundantes recursos para llegar a ser de clase mundial; guste o no, las historias de gigantes de Internet que ven la luz en un garaje no son una regla a esperar para el 99.9999% de las startups digitales.


No se trata de concluir con dramatismo este tema. Un conocido mentor de startups en Latinoamérica dijo alguna vez que el emprendedor debe concentrarse en identificar correctamente un problema y enfocarse en ofrecer la solución más óptima; cuando eso ocurra, con seguridad el dinero vendrá de alguna parte, vía revenue, inversionistas, cofinanciación, etc. Buscar financiación es fundamental. La invitación es a rodearse de austeridad y paciencia, pero llegado el momento de ser agresivo no dudarlo. Las compañías serían diferentes si al pasar de los años conservaran esa filosofía startup que los incentivó en sus inicios a permanecer ligeros, aplicando el principio que no es más rico quien más tiene sino el que menos necesita (Agustín 397). Es una realidad liberadora para todo emprendedor, probablemente aprovechada por el movimiento de Lean Startup (Ries 2011) para convertirse en un fenómeno global. En esta sección se recopilan fuentes donde explorar en busca de financiación. Entre tanto, cuidar los centavos porque los millones se cuidan solos.

Emprendedores de nivel AAA


Ecosistema / Cultura

¿Es posible enseñar a emprender a una persona? Pregunta difícil. Llevaría mucho más que este ensayo hacer un acercamiento. Para verlo un poco más sencillo: ¿Pueden la academia, libros, cursos, talleres y eventos formar emprendedores? ¿Los equipan realmente para crear empresas digitales sustentables? Llega entonces la reflexión: ¿Está Latinoamérica en una carrera frenética por encontrar y aclamar a sus propios emprendedores de talla mundial?

La cuestión surge de un consejo que se suele escuchar en la comunidad emprendedora y es: busca y haz equipo con cofundadores AAA. Suena obvio, pero en realidad este tipo de emprendedores son muy escasos (¡!) y los pocos que hay es muy probable que no toquen tu puerta. Entonces: ¿La industria TIC se detendrá por falta de emprendedores “AAA” con visión global? Por supuesto que no. Es verdad que la industria TIC está muy lejos de los niveles del primer mundo, pero los emprendedores de nivel B y C no son menos legítimos aunque su brecha sea grande. Se trabaja con quienes se tiene, y ese talento de la comunidad TIC tendrá que ser capaz un día de crear empresas innovadoras con alto valor agregado. Madurar esos profesionales de la tecnología no solo es costoso sino que toma tiempo de formar como sociedad. Según Isenberg (2010), un fuerte tejido social de emprendedores podría tardar hasta unos 30 años en emerger.

La invitación es a trabajar conscientes de las limitaciones en cuanto a talento TIC en Latinoamérica, no solo por lo escaso, sino porque el existente lo suelen capturar compañías foráneas que ofrecen condiciones laborales muy competitivas. Pero, ¿por qué hablar de empleados si este portal trata sobre emprendimiento? Porque por brillante que sea el equipo fundador de una startup, tarde o temprano hará falta más talento para sustentar su compañía. Sería válido buscar ese talento fuera de la región; pero lo inquietante es entender cómo se puede formar la base de profesionales necesaria para ser competitivos a nivel global.

Hubo un gran aumento de iniciativas públicas y privadas que promocionan el emprendimiento pero, las cifras no reflejan ese mismo entusiasmo. Para dar un ejemplo, China lanza al mercado cerca de 1 millón de ingenieros anualmente desde sus universidades (Oppenheimer 2010); en contraste, los países latinoamericanos oscilan entre 10 y 50 mil egresados en ese mismo periodo. Y aunque no se pueden sacar conclusiones solo a partir de un indicador, si es importante tener en cuenta que un ecosistema de emprendimiento digital de talla mundial necesita un importante volumen de profesionales de ese mismo nivel. Con seguridad queda un largo camino fomentando ese capital humano.

Hay sin embargo un tipo especial de emprendedor en internet: el repatriado. Aquel que por motivos que van desde la crisis económica del 2008 hasta asuntos familiares como la llegada de un hijo, regresa de ocupar cargos muy calificados en el exterior. Ellos conocen sobre negocios con visión global, tienen dominio en un área del conocimiento y les interesa apostar por Latinoamérica. Su regreso podría ser la respuesta.